domingo, 26 de febrero de 2017

SEPULTADO POR EL ABANDONO SE ENCUENTRA EN CAÑETE HOMBRE QUE DIO A CONOCER PARAJE DE ESTUDIANTES Y DOCENTES DE LA CANTUTA ASESINADOS POR "COLINA"


Justo Arizapana Vicente, el hombre que hace 24 años dio a conocer el paraje donde agentes del grupo Colina habían enterrado los restos de los nueve estudiantes y un profesor de la universidad Enrique Guzmán y Valle, La Cantuta, vive en una localidad denominada Desierto, jurisdicción de Nuevo Imperial, en Cañete, provincia de la región Lima.

Allí, donde el sol cae a plomo, Arizapana ha encontrado un ambiente de cuatro metros de ancho por siete de largo, que un familiar le ha cedido dentro de su propiedad.

Lo cercó con esteras y cubrió el techo con plástico azul que descansa sobre un palo y algunos carrizos.

No puede hacer más. Su quebrantada salud no se lo permite.

En setiembre del año 2011 fue víctima de hemiplejia. Desde entonces el lado izquierdo de su cuerpo no le responde. La falta de dinero y de una persona que lo traslade al hospital acabó con sus primeras sesiones de rehabilitación.


En todos estos años, la terapia se la ha estado prodigando él mismo. Largas caminatas y pequeños masajes a su adormecida mano izquierda son su rutina diaria.

Por falta de dinero, Justo Arizapana tampoco continúa la medicación que le recetaron para contrarrestar su peligrosa hipertensión.

Con el fin de obtener algunos soles, acude a reciclar desechos en el botadero municipal de Nuevo Imperial, a dos kilómetros de su casa.

"Me voy caminando por el borde de la carretera. Me trae recuerdos del año 1993 cuando trabajaba como reciclador y descubrí las cenizas de los estudiantes. Hoy reciclo lo mismo: cobre, bronce, latas, plásticos, botellas. Después lo vendo a un depósito en Imperial. Lo hago solo dos veces por semana, porque mi cuerpo no me ayuda. Así saco diez o unos quince soles a la semana", refiere.

Busca ayuda
Arizapana lamenta que las promesas de ayuda que en algún momento le ofrecieron nunca se hayan concretado.

Pero deja claro que la difusión de lo que vio aquella noche del 24 de abril de 1993 no tuvo otra motivación que la defensa de los derechos humanos de los nueve estudiantes y del profesor universitario.

"Yo no busqué dinero ni trafiqué con el caso La Cantuta, como sí lo han hecho muchas personas", señala.

Y agrega: "Ahora que no puedo valerme por mí mismo, pido que me ayuden. Me gustaría vivir mejor, sueño con una casita prefabricada de madera de cuatro metros de ancho por siete de largo, donde pueda protegerme del frío y la lluvia en invierno y del fuerte sol en verano. Recurro a la buena voluntad de las organizaciones de derechos humanos y de todos los que conocen el caso La Cantuta", dice sentado en una cama que adquirió en la cachina de Imperial, mientras trata de sortear el fuerte sol que, inclemente, ingresa a través de los jirones del plástico azul que cubre su pequeña choza.




Datos
Por seguridad. Luego de informar el lugar en donde estaban enterrados los restos de los estudiantes de La Cantuta, Justo salió de escena y vivió oculto.

16 años después. Ya en democracia, volvió para identificarse como el hombre que descubrió las fosas de Cieneguilla.
(Elizabeth Prado)

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